Laos, entre misticismo, naturaleza y horror.

Hoy os voy hablar del lugar más bombardeado del mundo y de un país del que no se habla mucho pero cuya belleza e historia son singulares. Estoy hablando de Laos (Muang Lao ເມືອງລາວ en laosiano).

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Laos está ubicado en el Sudeste Asiático, limitando al noroeste con el río Mekong (el río más largo del sudeste de Asia) que lo separa de Birmania (Myanmar), al norte limita con China, al este con Vietnam, al sur con Camboya y al oeste con Tailandia. Posee una superficie de 236 800 km² (ligeramente inferior a la superficie del Reino Unido). El territorio actual de Laos perteneció al reino de Lan Xang (que significa la tierra del millón de elefantes) fundado en el siglo XIV e invadido en el siglo XVIII por el rey de Siam (rey de lo que se conoce actualmente por Tailandia). El mismo rey decidió ceder Laos en aras de evitar una costosa guerra con los franceses a las colonias de la indochina francesa en el siglo XVIII. La influencia francesa es notoria en todo el país al igual que  en su vecino Vietnam. Por ejemplo, encontraréis pan de baguette y paté (algo excepcional en el sudeste asiático).

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Sin ánimo de extenderme y con la única intención de contextualizar los antecedentes de lo que os quiero narrar, os daré algunos hechos significativos en la historia del país.

Tras el periodo colonial francés y una breve ocupación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial, Laos consiguió la independencia en 1954 como una monarquía constitucional. Por aquel entonces surgió un movimiento político comunista llamado Pathet Lao (equivalente laosiano del Viet Minh y Viet Cong del Vietnam del norte que luchaban contra el sur durante la guerra de Vietnam). El ejército norvietnamita invadió el este de Laos. Sin quererlo, Laos fue arrastrado a la Segunda Guerra de Indochina, lo que contribuyó a la Guerra Civil de Laos y a varios golpes de Estado.

En medio de este escenario, Estados Unidos, con la intención de eliminar las bases norvietnamitas en Laos e interrumpir la ruta de abastecimiento en el sendero Ho Chi Minh o ruta de sangre (camino de 16000 km que discurría desde el norte de Vietnam, pasando por Laos y Cambodia hasta el sur vietnamita) comenzó a bombardear brutalmente Laos de forma secreta a través de la llamada Operación Estrella Blanca. Como Laos era un país neutral al conflicto entre Estados Unidos y Vietnam del norte, los soldados no podían utilizar uniformes del ejército de los Estados Unidos. Pero esto sólo fue al principio. La intervención estadounidense comenzó en la década de 1950 y se extendió hasta 1974 en la llamada guerra secreta de la CIA, secreta a la opinión pública y a los organismos internacionales. Pero esta guerra para cualquier laosiano no era secreta, cualquier habitante de Laos conocía a la perfección lo que era la Ruta de Ho Chi Minh, el ejército “secreto” de la CIA y hasta la implicación “secreta” de Estados Unidos en el tráfico de opio.

Para poneros mejor en situación os dejaré las cifras que ha recogido la autoridad nacional de Laos para la desactivación de UXO (Unexploded Ordinances, munición sin detonar):

Entre 1964 y 1973 las aeronaves estadounidenses realizaron 580.344 misiones de bombardeo sobre Laos, lanzando unos 260 millones de bombas. Lo que es equivalente a un bombardeo cada 8 minutos las 24 horas del día durante 9 años, superando a todas las bombas usadas durante toda la II Guerra Mundial. 

Algunas de las personas con las que hablé me explicaron que la mayoría de las bombas, que caían como la lluvia, eran bombas de racimo anti personas, de las cuales un 30% no detonó. Sin embargo, la presencia de estos explosivos sigue limitando a los habitantes de zonas rurales a acceder a la totalidad del terreno de sus granjas y les obliga a dejar grandes áreas agrícolas sin cultivar debido a que están cubiertas de bombas. Diez de las 18 provincias del país han sido descritas como “severamente contaminadas” por la artillería que no explotó y la cual ha matado a más de 20000 personas desde el fin de la guerra.

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Uno de los muchos cráteres de bombas que se observan en la actualidad en Phonsavan

Decidí viajar a Laos tras conocer en Tailandia a un grupo de valencianos que viajaba durante varios meses recorriendo Tailandia, Camboya, Vietnam y Laos. Recuerdo como si fuera ayer el momento en el que coincidí con este estupendo grupo de españoles. Acababa de llegar a la estación de trenes de Ayutthaya, tras coger el último tren desde Bangkok en uno de esos arrebatos por dejarme llevar por planes imprevistos de última hora. No tenía ni idea de donde podría alojarme y no conseguía ninguna red wifi para reservar algo decente por Booking, Agoda o Hostelworld. Tras evitar a la multitud de tuk tuks ofreciendo sus servicios para llevarme a mi inexistente alojamiento, decidí cruzar la calle y andar un poco. Era noche cerrada y lo cierto es que empezaba a impacientarme por ver la palabra hostal en algún lado. Fue entonces cuando escuché un gran jaleo, entre palmas, cánticos y risas. Al momento, identifiqué palabras familiares en español y decidí ir hasta allí. Para mi sorpresa era un hostal y tras hablar con el dueño, me consiguió hospedar en la última cama disponible. No tardé ni cinco minutos en hacer buenas migas con Marta, Rafa, Keti, Carlos y Jesús. Juntos compartimos anécdotas, chistes y experiencias. Recorrimos Ayutthaya en bici, nos fuimos al norte de Tailandia (Chiang Mai) y quedamos en vernos en Laos unos días después, donde pasaríamos también increíbles momentos.

Así fue como me dirigí hasta Chiang Khong (pueblo tailandés en la frontera con Laos) donde hay un camino de unos 3 km que conduce al Puente de la Amistad que une ambos países. Hay infinidad de tuk tuks y buses para cruzarlo pero en mi caso en alas de darle un poco más de emoción y dramatismo a mi llegada, quise cruzarlo andando. Me enteré más tarde que no estaba permitido pero lo cierto es que a mi nadie me detuvo y la sensación de estar cruzando una frontera como esa a pie, fue una experiencia espectacular.

CONSEJO AL VIAJERO:

Una vez allí me apresuré a realizar mi visado (unos 35 $ americanos). Me llamó mucho la atención como variaban el sistema de precios. Resulta que cobran un dólar más si entras en el país en fin de semana, en día festivo o más tarde de las 4 de la tarde. Os aconsejo cambiar vuestro dinero en Kips (moneda de Laos) allí en migraciones, pues el cambio será mucho mejor.

Cogí un Tuk Tuk tras regatear hasta quedarme sin voz, para recorrer 15 km hasta llegar hasta al puerto de Huay Xai, en donde salen los barcos lentos en dirección a Luang Prabang (dos días de travesía con parada de una noche en Pakbeng, donde no hace falta reservar hostal pues te esperarán a tu llegada para ofrecerte una cómoda estancia por 5 dólares la noche en una habitación individual con baño).

Luang Pravang al igual que Van Vieng tiene muchos atractivos que ofrecer a los turistas que aterrizan por allí. Increíbles cascadas como la de Koaung Si en Luang Pravang o las de Kaeng Nyui en Van Vieng, pasar un día entre elefantes, cruzar en tirolina un trozo de selva, maravillarte con sus templos, más sobrios que los recargados Tailandeses, perderte entre sus cuevas, en sus lagunas de color turquesa o entre sus montañas y verde vegetación o, simplemente, dejarte caer en sus enormes y locas fiestas entre multitud de jóvenes bebiendo en el río encima de flotadores, escuchando música y dejándose llevar al ritmo tranquilo de un país que va creciendo rápidamente.

Podría relataros un sinfín de aventuras vividas durante el tiempo que pasé en Laos, como cuando pinché una rueda de la moto enfrente de un taller en medio de la nada y todo quedó en un susto, o como cuando crucé en tirolina y en kayak una zona espectacular de selva de Van Vieng. El miedo que pasaba cada vez que intentaba adentrarme en una cueva llena de murciélagos, mantener una conversación renovadora con algún monje budista o probar un licor fermentado con una serpiente venenosa en su interior. Pero lo que realmente quiero contaros fue mi experiencia en Phonsavan.

Phonsavan, perteneciente a la provincia de Xiangkhouang, se formó al terminar la guerra puesto que la capital anterior (Muang Khoun) fue reducida a escombros durante los bombardeos estadounidenses.

El tortuoso viaje en bus hasta Phonsavan desde Luang Pravang merece una pequeña reseña. Resumiendo, horas y horas de curvas sin fin, a gran velocidad, con música tecno asiática a todo volumen. Desde luego, os recomiendo una buena pastilla de Biodramina antes de iniciar la aventura en la batidora a la que llaman mini bus, el cual, con suerte hará solo una parada por avería en vuestro trayecto.

En Phonsavan encontrareis una pequeña ciudad que parece sacada de alguna película de vaqueros. Sus lugareños son amables y cálidos dispuesto a ayudar a los perdidos y escasos turistas que vienen a esta zona. Me llamó la atención la cantidad de bombas que hay esparcidas por todos lados y que utilizan de maceteros, llaveros, floreros y demás ingenios decorativos.

En Phonsavan tenéis que visitar la famosa llanura de las jarras de piedra (que datan del 500 A.C hasta el 800 D.C) que está dividida en tres áreas en las que os encontraréis asimismo, con numerosos cráteres de los bombardeos y muchas piedras en el suelo con el acrónimo MAG (Mines Advisory Group), ONG fundada por el gobierno de Nueva Zelanda en colaboración con la UNESCO y que se encargan de desactivar las minas y limpiar la zona de explosivos. Su labor es espectacular, sólo en la última década a limpiado 44 millones de metros cuadrados y destruidos más de 180.000 artefactos.  2017-07-27 12.22.56

Cuando llegué a Phonsavan, opté por quedarme en uno de los alojamientos que me ofrecieron nada más llegar a la “estación de buses” a muy buen precio y en habitación individual. Después alquilé una moto para poder llegar hasta las diferentes áreas y visitar los alrededores.

Os preguntaréis seguramente cual era la finalidad de estas jarras de más de 2000 años de antigüedad. Hay multitud de leyendas pero quizá, la más extendida es la que se sitúa en el siglo V donde el héroe local King Khung Jueang derrotó al dictador Chao Ankha que mantenía oprimida a la población. Para celebrar el fin de esta tiranía, se fabricaron estas enormes jarras que fueron rellenadas con lòw-lów, el popular aguardiente de arroz laosiano. Mi leyenda favorita fue la que me contó un niño de unos diez años de la zona: “las fabricaron los gigantes que habitaban estas tierras hace miles de años para utilizarlas como vasos”.

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Zona 1 con 334 jarras

Lo cierto es que no se sabe a ciencia cierta cual fue su utilidad. En 1930, la geóloga francesa Madelaine Colani realizó el primer estudio de las jarras llegando a la conclusión de que se usaron con fines funerarios ya que encontró restos humanos incinerados en algunas de las jarras. No fue hasta 1994 cuando un profesor de la Universidad de Kagoshima, Eijii Nitta, volvió a realizar un estudio y llegó a la conclusión que el uso funerario de las jarras fue contemporáneo a la construcción de las mismas. En el año 2004, durante a limpieza de UXO de la zona 1, el arqueólogo Julie Van Den Berg llegó a la misma conclusión. Por esta razón, no hay una teoría certera en torno al misterio de las jarras. Otros investigadores especulan sobre el uso de las mismas como almacenamiento de minerales (ya que los emplazamientos de las jarras se sitúan en lo que pudo ser una ruta comercial) o simplemente como almacenamiento del agua de la estación lluviosa para utilizarla en la estación seca. Sea como fuere, la singularidad de estas piedras megalíticas, a pesar de las guerras, bombardeos y el uso indebido de los propios lugareños (que las usaban para cimentar sus casas o construir abrevaderos de animales) desconocedores de su valor histórico, llevó a la UNESCO a declararlo Patrimonio de la Humanidad por su valor y singularidad.

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Durante mi excursión por las diferentes áreas llegué por casualidad al pueblo de Ban Napia, cuyo único cartel que lo indica esta prácticamente borrado. En este pueblo se reciclan las bombas y hacen diversos utensilios con el hierro fundido bajo el lema “Make spoons, not war” (haz cucharas, no la guerra). Por ello no me sorprendió después, comer en muchos de los restaurantes de la zona con cucharas recicladas de las bombas de la guerra.

Muchos os preguntaréis como no hay más información acerca de este tema o como no lo habíais escuchado antes. Vivimos en un mundo con gran capacidad para informar pero donde la misma se filtra, se oculta o se adultera. Parece que todo lo que no sea información comercial, cotilleos o banalidades superfluas del día a día de los famosos no es relevante. En medio de esta reflexión, me sorprendió asimismo que el primer presidente estadounidense en visitar Laos fuera Barack Obama. Debido a su visita y tras reconocer la implicación estadounidense y el deber moral del mismo en la recuperación de Laos, el Congreso de Estados unidos destinó en 2014 12 millones de dólares a la retirada de UXO (munición sin detonar).

Y ahora bien, ¿finalizó por completo la guerra? al parecer no para todos. Al menos no para unos centenares de personas que siguen combatiendo en lo más profundo e inaccesible de las  montañas de la región de Phu Bia en Laos, luchando y muriendo por una guerra que terminó oficialmente en 1975. Los dos centenares de hombres, mujeres y niños que se encuentran allí están cercados y acorralados por bases del Ejército laosiano. Estos centenares de personas son los restos de un ejército creado por la CIA con miembros de la etnia laosina hmong, que por entonces contaba con decenas de miles de guerrilleros para detener el avance de los norvietnamitas. Para quien quiera ampliar y saber más sobre el tema os dejo el documental completo (“El ejército perdido de la CIA”)

Los días que pasé en Phonsavan los recuerdo con cierta sensación agridulce. Viendo una población que pasó años escondida en cuevas y túneles y que hoy sonríe al progreso. Un país donde la mayoría de su población cuenta con smartphones y que con la llegada del turismo está experimentando un rápido crecimiento. A pesar de ello, la pobreza sigue siendo latente, Laos sigue perteneciendo a la lista de los países en desarrollo y las minas, aunque cada vez menos, siguen esparcidas por todo el país. Tras hablar más de una hora con la encantadora familia que me hospedaba, me alegré al escuchar que su hijo iría a estudiar a la capital (Vientiane) pero me sorprendió que sería prácticamente por evitar que cayese en las drogas. En 1989 se emprendió con financiación estadounidense una guerra contra las drogas para erradicar el opio. En 2006 Laos se declaró libre de opio, pero con el boom económico arraigó la demanda de metanfetaminas y otras drogas de diseño. Hoy el país es un importante centro de tránsito de metanfetaminas, heroína y opio, de nuevo en auge en donde las zonas rurales han sido las más afectadas.

Posiblemente, este extenso y duro artículo que dedico a Laos no refleje todo lo que me gustaría mostraros de este perdido país en las montañas del Sudeste Asiático, pero al menos espero que os hagáis una idea de otro de los ya demasiados horrores de nuestra historia contemporánea para que recordándolo, quizá no se vuelva a repetir. Para que comprendiendo su historia podáis visitar Laos con mente abierta y más empática. Con menos quejas de típico turista, con más curiosidad y valorando mucho más lo que tenemos y lo que podemos dar y compartir.

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“La esperanza se levanta como un Ave Fénix de las cenizas de los sueños rotos” – S.A. Sachs

Para los que queráis ampliar información o colaborar con la causa, os dejo estos link:

  • Realiza un voluntariado, haz un donativo o trabaja para las MAG. 
  • Descubre si tu país ha ratificado el Tratado contra las Bombas de Racimo y únete a la campaña en stopclustermunitions.org

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