Kawah Ijen. El infierno azul

El volcán Kawah Ijen está situado en el este de Java, Indonesia. Es uno de los lugares que más me marcó durante mi viaje por el sudeste asiático. Hace nada más y nada menos que 3500 años que se creó tras tres erupciones que formaron una tremenda caldera de unos 25 km de diámetro custodiada por seis picos de entre 1200 y 3050 metros. Su caldera alberga un cráter de 1 km de ancho por donde se fugan gases sulfurosos. Por la noche dichos gases calientes emiten un resplandor azul, el famoso fuego azul.

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Los gases emergen a gran temperatura (600 grados) y presión y, las llamas pueden alcanzar los 5 m de altura. Algunos gases al condensarse en azufre líquido dan la sensación de que hay lava azul fluyendo.

Llegué a este lugar casi por casualidad siguiendo las indicaciones de una pareja indonesa que conocí en un ferry cruzando de la famosa isla de Bali a Java. Sus indicaciones me llevaron a un pueblo llamado Banyuwangi. Tras una pequeña búsqueda en Booking escogí un hostal barato en el centro del pueblo. Allí todo el mundo sabía que si habías parado allí con una mochila casi más grande que tú, es que tu intención no era otra que subir al volcán de Kawah Ijen. Muchos me ofrecieron tours a precios razonables (unos 15€ que en rupias indonesias son sobre 250000 rupias) para ir hasta allí con un guía y el material adecuado. Como no soy muy amiga de los tours y cuando viajas durante muchos meses todo euro o dólar cuenta, decidí hacer caso a la pareja indonesa que conocí e ir por mi cuenta.

CONSEJO AL VIAJERO

Alquilar una moto por unos 65000 rupias (unos 4€) y seguir las indicaciones de google maps. Si no tienes datos te recomiendo maps.me que puedes utilizarlo offline descargándote el mapa de la zona previamente. El estado de las carreteras es bastante bueno, la única pega es que tendrás que ir de noche alrededor de la una de la madrugada si quieres llegar a tiempo para ver el espectacular fuego azul que desprende el cráter del volcán y que desaparece al amanecer. Te recomiendo que te cerciores que tu moto tiene unas buenas luces y por supuesto llevar un par de linternas contigo por si acaso. Si es una de las que puedes ponerte en la cabeza mucho mejor. Así te servirá en caso de que las luces de tu moto se fundan y durante la subida al volcán. Además, tendrás que alquilar una máscara de gas por unas 25000 rupias (un euro y medio), para protegerte de los gases tóxicos cuando desciendas al cráter. Se tarda aproximadamente una hora en llegar a la zona y una vez llegas al parking que hay antes del ascenso hay que comprar una entrada por valor de unas 100000 rupias (casi 6€).

A medida que ascendía por sus empinadas cuestas y escarpados caminos en medio de la noche el olor a azufre se hacia más notorio. He de confesar que tanto los tres kilómetros de ascenso como su posterior descenso me resultaron algo duros por la inclinación. En el trayecto hasta el cráter me sorprendió escuchar las palabras taxi, taxi. Al girarme en medio de la penumbra vi a un grupo de hombres que ofrecían sus carretillas a modo de rickshaw (vehículo de dos ruedas, tirado por un hombre, una bici o una moto) para llevarte hasta la cima. Si ya me parecía agotador subir andando no me imagino tirando de otras personas. Después de hablar con alguno de ellos comprendería que cuando tienes una familia que alimentar y has tenido el infortunio de crecer en una zona muy pobre, haces lo que sea necesario para salir adelante.

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Para cuando llegué a la cima del volcán una bocanada de viento trajo consigo los gases sulfurosos y tras sofocar mi ataque de tos me apresuré a ponerme la máscara de gas. La niebla empezó a disiparse y pude contemplar el increíble fuego azul. Empecé a descender los 300 m hacia el cráter por esas tortuosas y pedregosas pendientes mientras intentaba no estorbar a los numerosos mineros que subían cargados con más de 70 kilos de azufre en sus costados. Aún tengo clavada esas imágenes en mi cabeza. Sus cuerpos literalmente consumidos, llenos de heridas. Miré hacia mis botas de trekking y después a sus pies ataviados con una sencillas sandalias desechas, mi cazadora para el frío y sus camisetas roídas, mi máscara de gas y su cara al descubierto. Si ya es desolador ver el trabajo que tienen que realizar en esas condiciones, no puedo imaginar hacerlo sin ninguna ayuda ni material de protección en una zona tan peligrosa como esa. Después de conseguir hablar con alguno de los mineros que chapurreaba inglés pude entender un poco mejor la situación y es por ello que he decidido escribir este artículo y dedicarlo a esos grandes hombres olvidados.

Los mineros de Kawah Ijen son héroes y esclavos. Trabajan diariamente con un descanso de tan solo cuatro días por mes en unas condiciones totalmente insalubres e inhumanas.  Extraen a palazos el azufre del cráter e inhalan continuamente el sulfuro, muy tóxico en esas concentraciones y con tanto tiempo de exposición. Posteriormente, cargan a sus espaldas entre 60 y 80 kilos hasta la cima del cráter, por un terreno rocoso muy inclinado y de difícil ascenso. 

La esperanza de vida de un minero es corta. Muchos no alcanzan los 50 años y la mayoría sufren de artrosis, escoliosis, bronquitis, asma, enfisema o cáncer entre otras enfermedades. Las llagas de sus hombros, su espalda doblada, sus piernas llenas de heridas y sus cortes en sus manos hacen que se te parta el alma cuando suben jadeando, y sin máscara. Observar su cuerpo destrozado hace más increíble verles cargados con semejante peso. Desde los años 70 han muerto más de un centenar de mineros debido a los riesgos a los que se ven expuestos a diario. Por ello cada año, sacrifican a una cabra para honrar al volcán. La degüellan viva y lanzan su cabeza envuelta en un paño al fondo del cráter. Con ese primitivo ritual esperan calmar al volcán e impedir explosiones de gas.

Muchos venden souvenirs que hacen ellos mismos con el sulfuro que extraen y su venta les da a veces el sueldo de un día de trabajo en el infierno. Por que sin duda, si existe un infierno en la tierra, es Kawah Ijen.

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El método de extracción manual desapareció a finales del siglo XIX en Chile, Italia y Nueva Zelanda.  En Kawah Ijen esto es impensable por el momento a pesar de que con este método solo se extrae algo menos del 20 por ciento del potencial que puede dar el cráter. Con todo ello, los propios mineros no quieren que se cambie el método de extracción pues perderían su trabajo y su medio de mantener a sus familias. El sueldo de un minero en Kawah Ijen es elevado en comparación con otros sueldos de la zona que son irrisorios.

Los gases sulfúricos se extraen para obtener azufre, atrapando los gases sulfúricos y canalizándolos a través de una red de tuberías de cerámica, donde se condensan en azufre fundido (de color rojo) y circulando por las tuberías hasta el suelo, donde se enfría (y pasa a ser de color amarillo). Luego los mineros parten el material enfriado en trozos que transportan hasta la refinería más cercana.

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Algunas de las múltiples aplicaciones del azufre son cosas tan útiles y de uso cotidiano como los neumáticos, cerillas, azúcar blanco, champú anti caspa, pólvora, pintura, fertilizantes…

En el interior del cráter nos encontramos el lago ácido mas grande del planeta. Un lago que puede parecer a simple vista un remanso de paz de color turquesa al que te gustaría zambullirte pero, en realidad es un kilómetro cuadrado de aguas y 38000 millones de metros cúbicos de ácido sulfúrico y clorhídrico que a veces se acerca a la ebullición generando letales burbujas de gas. Además, sus inevitables filtraciones a los ríos cercanos, contaminan alrededor de 35 km de cultivos al año.

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Descender al cráter no siempre está permitido varía en función del nivel de toxicidad y las condiciones meteorológicas y estuvo muchos años cerrado al público desde que en los años 90 una turista francesa falleciese allí. En el cráter no hay vida y muchas de las pocas aves que lo sobrevuelan caen aturdidas por el humo y mueren. El escenario es tan insólito como desolador. Rodeado de belleza y horror. Recuerdo que me quede contemplando esa atmósfera hasta que el fuego azul desapareció por completo y hasta que los primeros rayos de sol me permitieron contemplar la majestuosidad de ese letal lago turquesa.

Permanecí bastante tiempo después en la boca del cráter, como si las dos horas anteriores no hubiesen existido y fuesen producto de la imaginación de Tim Burton o de un sueño estrambótico.

Si quereís colaborar para ayudar a las comunidades de mineros de Kawah Ijen os dejo estos links:

Proyecto de ayuda en Kawah Ijen

Ayuda a los mineros de Kawah Ijen

Os pongo también unos vídeos con más información:

Porteadores de Azufre

BBC. Kawah Ijen Volcano


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